domingo, 1 de febrero de 2026

Sirena

No me rompí.
Aprendí a nadar más hondo.
El mar siempre fue casa,
no escape.

Yo no vine a salvar barcos
ni a estrellarme contra promesas flotantes.
Vine a moverme,
a respirar donde otros se ahogan.

He conocido hombres.
Muchos.
Algunos hermosos en la superficie,
otros llenos de grietas que no quieren mirar.

Me ofrecieron una noche
como si fuera un trato.
Me miraron como si el deseo
fuera una moneda.
Creyeron que podían comprar
lo que no estaba en venta.

Hubo risas.
Hubo cuerpos cerca.
Hubo ilusión breve,
como espuma que se forma
y desaparece sin hacer ruido.

Y aun así
seguí nadando.
No rogué amor.
No me quedé
donde no se quedaban para mí.
No confundí intensidad
con cuidado.

No forcé puertos.

Aprendí a reconocer
a los que se acercan
solo cuando están a la deriva,
anclados en su propio naufragio,
esperando que alguien
les preste orilla.

Yo ya no soy orilla.

Tengo poder.
No el que grita,
sino el que se entrena en silencio.

Trabajo en mí
como quien fortalece pulmones
para una inmersión larga.

Me habito.
Me sostengo.
Me elijo.

Sigo siendo sirena,
sí.

Pero no la del canto triste.

Soy corriente firme.
Soy cuerpo que conoce su ritmo.
Soy profundidad que no pide permiso.

Si alguien se acerca ahora
tendrá que saber nadar.
No para alcanzarme,
sino para acompañar.

Porque yo no espero en la orilla.
Yo vivo en el agua.
Y desde aquí
todo se ve más claro.

Sirena

No me rompí. Aprendí a nadar más hondo. El mar siempre fue casa, no escape. Yo no vine a salvar barcos ni a estrellarme contra promesas flot...