jueves, 21 de agosto de 2025

Corona

Un embuste,
un faro encendido que no alumbra,
porque la marea se llenó de espejos rotos
y mi reflejo, por poco, se quiebra.

En la penumbra,
dos astros disputaban un mismo eclipse,
y la piel,
como un pergamino secreto,
guarda signos que no me pertenecen.

Lo entiendo.

Camino entre cristales
con los pies desnudos,
y cada herida es un diamante
que nadie podrá tocar.

Mi viaje no se permuta,
llevo conmigo mi propio escenario,
la corona invisible,
la que jamás se inclina
ante nadie.

Entero

Me levanto antes que el día tenga nombre. Cuando la ciudad aún no decide quién es. El mundo duerme y yo ya estoy de pie con el cuerpo record...