No me hiciste ganar nada.
El semáforo no te conocía.
Yo estaba ahí
con las manos prendidas en fuego,
el pulso firme
y el miedo domado
a fuerza de repetir.
La gente no dejó billetes
porque tengas buena vibra,
los dejó
porque me miraron
y algo en ellos
no quiso irse.
Mi cuerpo también te miró
y dijo no.
No con gritos,
no con drama, con quietud.
Dormí cerca,
pero no abrí la puerta.
Eso no es confusión,
es frontera.
No todo lo que se acerca
merece entrar.
No todo lo que insiste
tiene razón.
No me elegiste.
No me despertaste.
No me encendiste.
Yo ya estaba ardiendo
antes.
Y si me voy
no es por falta de ternura,
es porque aprendí
a no quedarme
donde llaman amor
a regar hasta ahogar.