martes, 24 de marzo de 2026

Entero

Me levanto antes que el día tenga nombre.
Cuando la ciudad aún no decide quién es.

El mundo duerme y yo ya estoy de pie
con el cuerpo recordándome que elegí no rendirme.

Salgo cuando aún es de noche.
Veo al día abrirse como una herida lenta mientras avanzo
con el pulso firme y los sueños todavía calientes.

Llego primero.
Siempre primero.
Y sostengo.

Sostengo miradas de niños,
energías que me exigen ser ejemplo,
una versión de mí que no puede quebrarse en público.

Doy.
Todo el día doy.

Palabra.
Cuerpo.
Presencia.

Y nadie ve lo que cuesta sostenerse así.

Después, la ciudad.
El ruido.
El tráfico como una guerra sin sentido.

Caras vacías.
Gente rota.
Gente que escupe lo que no ha sanado
como si el mundo fuera su espejo.

Y yo ahí, atravesándolo todo como si no perteneciera.
Como si fuera otra especie.

Hay otra batalla cuando el día ya debería terminar
y vuelvo a pelear.
Contra el cansancio.
Contra la rutina.
Contra esa voz que a veces dice: “¿para qué tanto?”
Pero sigo.

Y aun así hay un espacio que no se entrena.
No nombro lo que falta.
Pero está.

Y lo deseo pero...
No el fácil.
No el que se compra con una noche.
No el que se esconde en cuerpos sin nombre.

Pero esta ciudad confunde deseo con conexión.
Confunde ruido con vida.
Confunde urgencia con amor.

Y yo no soy eso.
Yo sigo.

Antes del día.
Después del ruido.
Entero.

Entero

Me levanto antes que el día tenga nombre. Cuando la ciudad aún no decide quién es. El mundo duerme y yo ya estoy de pie con el cuerpo record...